Como suspendido, como tomando una curva sin peralte o,
para aquellos matemáticos, como pasando por la inflexión de una curva que se
mueve al compás de la víbora de la mar, como pisando un suelo que ahora está
aquí y donde tus pies los sientes allá…
Ha sido un tiempo de cambio tan profundo que me ha
mantenido lejos de escribir, de compartir, incluso de no recibir lo que se me
ha compartido.
Repentinamente, esta gran metamorfosis de la vida me
ha puesto de frente a esos miedos que han vivido en mi por largos años. He sido
parte de una familia con arraigadas costumbres, muchas de ellas sin fundamento
alguno pero sin duda todas de ellas ligadas a la apremiante lista de miedos y
temores; una lista de esas que usamos los humanos en nuestras competencias
bizarras para ver quién colecta más miedos y quién atrofia más su vida en el
menor tiempo, una carrera por ver quién es la mejor víctima del barrio, como
diría mi madre “¡Ah juego pendejo!” (Así lo dice, aún y con todos sus miedos).
No sólo se han manifestado los miedos, junto a ellos
han llegado la carencia, la tristeza, la incertidumbre, la indecisión, en pocas
palabras el “bus” venía lleno, ellos siempre tan dadivosos y bastos, que falte
felicidad pero no tristeza.
La vida me ha permitido reconocer un flujo sutil de
energía que me une a cada uno de ustedes. Una energía que se manifiesta como
conflicto o como bienestar según sean nuestros apegos del día. El flujo de esta
energía depende de esos apegos que se crean a partir de nuestros temores, independientemente
de si estos fueron creados o impuestos.
Los apegos me llevan a buscar una condición que cumpla
con la satisfacción de mis miedos, una condición que satisface mi mente. Es así
como, inconscientemente, llamo a aquellas personas que se complementan conmigo
identificando la satisfacción de sus miedos con los míos, digamos que es un encuentro
de mentes, miedos y egos en ausencia de los corazones.
Entre más refuerzo el temor más fuerte es el llamado
para que esos complementos mentales me encuentren entre la multitud.
Quiero compartir con ustedes un temor que he decidido
entregarle de regreso a la energía del universo.
Por mucho tiempo se me ha dado la oportunidad de
ayudar a la gente mediante la escucha y el consejo, con seguridad uno de mis
guías se ha manifestado a través de mí con esos atinados consejos que he podido
compartir durante todo este tiempo.
Siempre ha llamado mi atención que quienes más se acercaban
eran mujeres. Soy un defensor de las mujeres y una persona que las apoya en
este nuevo despertar donde la mujer toma un rol protagónico.
Siendo infante recibí el cariño incondicional de mi
madre, junto a ella conquisté grandes éxitos, caminamos sobre espinos y sobre
bellas alfombras, escalamos cualquier problema sin importar los inconvenientes
mientras pasábamos sobre ellos.
Fui siempre motivado a enfrentar los obstáculos y
nunca ha retroceder, ha dejar los miedos debajo de un árbol mientras enfrentaba
los retos. Fue una relación que derivó en la competencia, fue algo que tratando
de alimentar el amor terminó alimentando al ego.
Los años han pasado y, así como se extraña el
aliciente que te dan las drogas, los miedos (disfrazados de ego) reclaman su
dosis.
Inconscientemente empecé a llamar aquellos comentarios
que alimentarían mi ego, pero debían ser en las mismas condiciones: cuando algo
bueno hiciera por mí o por alguien más, más específicamente hacia alguien que
representara a mi madre.
No sé cuándo fue, pero un día cuando reflexionaba en
silencio “vi” como mi ego enfocaba su energía hacia aquello que le daba
satisfacción. Y empecé a notar como el comportamiento de los que me rodeaban se
veía influenciado por todo aquello que pasaba en mi relación con otras
personas, todos cercanos a mí.
Claro, el ego lo primero que propuso fue: “Se acercan
a mi porque yo soy quien está destinado a ayudarles…”, ¡Que pendejo fui!
Un día recordando un artículo sobre el Espejo Humeante
pude darme cuenta que no hay asignaciones especiales mientras encarnas, todos
venimos a eliminar apegos y nos daremos cuenta de ellos viendo y entendiendo a
aquellos que nos rodean.
La principal lección: Si ves necesidades espirituales en
esos que te rodean es por la simple razón de que eres tú quien necesita crecer
espiritualmente.
Ha sido un despertar turbulento, siento que muchas de
las cosas que he compartido durante este abrir de ojos han podido herir apegos
de algunas personas allegadas a mí, pero son sólo sus apegos los que les han
dolido, nunca ha sido contra el ser de luz que vive en sus cuerpos.
Me he dado cuenta que vivir en el amor incondicional
es nuestra misión en el cambio de era, es vivir sin límites, sobrepasar los
límites del ego con sus apegos y sus miedos y ver lo que tú eres en cada uno de
los seres que te rodean, disfrutar de esa gran virtud con la que nos equipo el
cosmos: el amor desde el corazón y no desde la mente.
Agradezco a todos mis amigos, aunque casi puras
amigas, que han reflejado mi verdadero yo, que me han permitido verme en sus
corazones, que han despertado en mi al ser que aletargado y a la deriva
esperaba que el ego llenara su interminable necesidad de ser víctima.
Adiós y gracias queridos miedos que me han hecho
crecer.
In Laak’Ech
Guerrero Mayor
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